Y se deshizo la luz... Sé que es un término errado, pero esto que voy a contarles carece de explicación, pues raya en lo inimaginable. Tuve que escribirlo todo (pido disculpas de antemano) para convencerme a mí misma de que sucedió y que no fue una terrible y larga pesadilla.
Se deshizo la luz. No recuerdo la hora exacta, solo sé que esa fue la señal de que había comenzado. Ya había pasado las 12 de la media noche. Recién empezaba el 20 de septiembre.Ya una de mis niñas dormía y la otra aún estaba despierta a mi lado.
-Bueno, es momento de dormir. Llegó María. - Le dije a mi niña y prendí una vela.
-Mamá, tengo miedo.- Dijo la pequeña con voz quebrada.
Tranquila, estamos listas y Papá Dios nos cuida. Nada nos pasará.- Dije haciendo uso de todas las técnicas teatrales y persuasivas que aprendí en la escuela. Ella me creyó.
El apartamento, que está justo al lado de casa de mis padres, estaba seguro. Había sellado las ventanas temprano en la tarde. Había organizado una canasta con meriendas y recolecté agua en cuanto envase encontré. Estaba lista, pero muerta de miedo. Solo éramos mis dos niñas, la gata y yo. Demasiado estrógeno en tan pocos pies cuadrados y mi melodrama, viéndose atrapado en cuatro paredes, ya empezaba a hacer de las suyas..
-Hoy no se duerme.- Me dije mientras miraba sin pestañar la tenue luz de la vela que me permitía ver descansar a mis niñas abrazadas en mi cama.
-¿Por qué te adelantas? Se supone que llegaras a las cuatro de la mañana. ¿Qué pretendes? ¡Contéstame!
Así pasé las horas hablándole a un huracán como mujer despechada que planea la conversación que le dirá al marido que no regresa.
Mis Letras Regadas es un blog común de una mujer común. Es el desahogo y sentimiento de una mente complicada. Son mis letras regadas porque así es mi mente; así es mi vida. Aquí encontrarás una ensalada de escritos con todo tipo de aderezos: dulces, amargos, sosos y que te rechinan los cachetes y sin querer queriendo te hacen reír. ¡Que lo disfruten! ¡Leer no engorda!
jueves, 20 de septiembre de 2018
sábado, 24 de marzo de 2018
Perdón a Eva
A veces uno se siente la peor mujer del mundo... A veces el universo juzga porque no cumples con aquello que debes hacer sin equivocarte por el simple hecho de ser mujer... Porque al haber nacido mujer debes renunciar a todo lo que te hace humana y se te niega el derecho a fallar...
A veces me siento la peor mujer del mundo cuando quisiera mandar todo a la mierda e irme como se puede ir cualquiera que no cargue ovarios en sus entrañas. Irme así sin dar explicaciones a una sociedad que no me conoce, pero se siente con la potestad de juzgar, de cuestionar... Porque así debe ser... Porque es tu destino... Porque cargas el cromosoma de la culpa...
Desde el principio de los tiempos así ha sido. Me enseñaron que Eva fue la culpable de todo, pero nunca supe si le dieron la oportunidad de explicarse o defenderse. Nunca supe a ciencia cierta qué tan verdadera era esta historia contada y recontada tantas veces. Nunca escuché a Eva, sin embargo promoví su culpa. La repetí hasta el cansancio. La vi vuelta serpiente esparciendo veneno, seduciendo, provocando, poniendo en la boca del hombre la manzana.
Pero es cuando el peso del mundo te cae sobre los hombros que te das cuenta que repetir versiones de historias contadas por otros te hace cómplice. Es en ese momento que piensas en Eva. Es ahí que sientes que la amas, que quieres correr a darle un abrazo, acariciar sus cabellos y besar su desnudez escondida entre las culpas. Pedirle perdón una y mil veces...
Perdón... por las veces que repetí su historia. Perdón por no defenderla cuando decían su nombre y ella no estaba ahí... Perdón por culparla de todos mis dolores... Perdón por maldecirla al ver la sangre correr entre mis piernas... Perdón una y mil veces, porque después de tanto tiempo descubrí que, aunque en otra piel, yo también soy Eva...
A veces me siento la peor mujer del mundo cuando quisiera mandar todo a la mierda e irme como se puede ir cualquiera que no cargue ovarios en sus entrañas. Irme así sin dar explicaciones a una sociedad que no me conoce, pero se siente con la potestad de juzgar, de cuestionar... Porque así debe ser... Porque es tu destino... Porque cargas el cromosoma de la culpa...
Desde el principio de los tiempos así ha sido. Me enseñaron que Eva fue la culpable de todo, pero nunca supe si le dieron la oportunidad de explicarse o defenderse. Nunca supe a ciencia cierta qué tan verdadera era esta historia contada y recontada tantas veces. Nunca escuché a Eva, sin embargo promoví su culpa. La repetí hasta el cansancio. La vi vuelta serpiente esparciendo veneno, seduciendo, provocando, poniendo en la boca del hombre la manzana.
Pero es cuando el peso del mundo te cae sobre los hombros que te das cuenta que repetir versiones de historias contadas por otros te hace cómplice. Es en ese momento que piensas en Eva. Es ahí que sientes que la amas, que quieres correr a darle un abrazo, acariciar sus cabellos y besar su desnudez escondida entre las culpas. Pedirle perdón una y mil veces...
Perdón... por las veces que repetí su historia. Perdón por no defenderla cuando decían su nombre y ella no estaba ahí... Perdón por culparla de todos mis dolores... Perdón por maldecirla al ver la sangre correr entre mis piernas... Perdón una y mil veces, porque después de tanto tiempo descubrí que, aunque en otra piel, yo también soy Eva...
martes, 14 de marzo de 2017
Huevos y tortillas
Hoy desperté pensando en huevos. No sé usted pero cada vez que veo a alguien comprar huevos observo que tiene que abrir el empaque y revisarlos. Es algo normal y aunque yo no soy normal, también hago lo mismo. A la hora de comprar siempre busco los de aquí. Me gusta que sean grandes, con la cáscara bien oscura y grado A pues, maestra al fin, me gusta la excelencia.
Es frecuente que piense en huevos, especialmente en las mañanas. Pienso en hacerme un revoltillo con todo pero el tiempo apenas me da para servirme un cereal que mastico a secas de camino a la escuela. Hoy no pensé en huevos como tal. Hoy pensé en las gallinas que ponen esos huevos. ¡Qué trabajo y dolor deben pasar las pobres! Lo más triste del caso es que nadie piense en ellas. Nadie dice: ¡vaya, estas gallinas están brutales! ¡Miren el tamaño de estos huevos! No. Los huevos son los que se llevan todo el crédito como si se hubiesen hecho a sí mismos. ¡Puff! ¡Tarán¡ ¡Ahí está el huevo! ¡Qué mamey! ¡Qué huevos! ¡Así cualquiera!
Hasta en el reino animal la hembra pasa desapercibida y su trabajo se da por sentado. ¿Acaso usted cuando se prepara el cafecito con leche piensa en la vaca que ordeñaron al punto que en 5 años más o menos ya no sirve para nada? Seguro que no. Pero bueno, esos son otros veinte pesos y en este momento no me voy a desviar del tema: los huevos. Hoy quisiera analizar cómo sería todo si se virara la tortilla.
Cabe señalar que hoy en uno de mis viajes mentales aprendí algo muy importante. Las dos pelotas colgantes que tienen los hombres a las que erróneamente por apariencia llamamos huevos están llenos de espermatozoides que producen durante toda su vida. La mujer en cambio tiene una cantidad limitada de huevos en sus ovarios. Después que sale el último pues se acabaron. Fin de la historia. ¡Arrivederci Roma, goodbye, sayonara! Esto explicaría muchas cosas o no explicaría nada en lo absoluto. La verdad es que la lógica no tiene que reinar en esta suposición. Enfoquémonos en la tortilla virada al revés, en donde cargar “huevos" colgantes sea signo de debilidad e inferioridad. Si esta suposición te aterra o escandaliza, te recomiendo abandonar esta página ahora mismo.
Como seguramente aún sigues aquí, ya sea porque eres mujer y esta idea te divierte; o eres hombre y ya sea que sí te escandaliza la idea, pero no te fuiste porque no te dio la gana de hacer lo que una mujer te mandó o eres súper cool y te tripea este viaje, vamos al mambo. A fin de cuentas este escrito es más para ti, hombre, macho, carga “huevos”. Engánchese en mi paja mental y viremos la tortilla. Seas lo que seas, imagina que eres un hombre que nació en un mundo regido por las mujeres. Veamos qué tal sería la cosa.
Llegó el momento de nacer y tu madre, quien te cargó por nueve meses, sexo fuerte al fin, felicita a tu padre quien llora. Sexo débil al fin, es él y solo él el culpable de que hayas nacido varón. Las mujeres solo traen puros cromosomas X. No te preocupes, para la próxima, con suerte, le dará una hembra.
Irás a la escuela y tristemente tendrás que pasar etapas difíciles en la vida de un chico. Nada como el rechazo de una chica o ser utilizado. Vendrá a tu cabeza las preguntas de porqué no eres suficiente. Te esclavizarán los estereotipos y tratarás de llenar un molde que la sociedad dominada por las mujeres ha creado. Te preocuparás por tu peso, por cómo vistes y cómo te relacionas con las chicas, entre otras tantas cosas. A veces pensarás que no puedes con todo lo que la sociedad espera de ti.
Las opiniones de los otros te afectarán. Tendrás que preocuparte por cómo caminas, hablas, vistes y te proyectas a los demás. No querrás que te pongan un sello de chico fácil. Algún día, tal vez inevitablemente, te enterarás por algún otro cosas horribles que dicen de ti. Tal vez porque una chica que te juró amor eterno presumió con sus amigas lo que te hizo a ti. Quizás alguna foto que te tomó quien te “amaba" circulará por las redes con tu nombre y ciudad. ¿Qué habrás hecho para merecer tales cosas? Seguramente nada, pero eres hombre y es lo que te ha tocado vivir.
Te harás adulto e irás por la calle con mucho temor de estar solo. Cuidarás cómo vistes, por dónde pasas y a las horas que pasas. No querrás provocar que te violen o terminen matándote. Al final te echarán la culpa de lo que te suceda. Nadie te manda a vestirte de esa forma, sabrá Dios tomaste de más o quién sabe con qué tipa te saliste a encontrar.
Tendrás que aguantar la presión en la calle de las mujeres que piensan con sus huevos y solo ven al hombre como un objeto sexual. Te gritarán piropos cuando vayas por una acera. No mires mal a quien lo haga pues tal vez te irá peor. Pasa rapidito, derechito y sin mirar a nadie. Si miras al suelo será mucho mejor. No uses pantalones apretados que activen la imaginación de las mujeres. Que no se te noten las tetillas cuando te dé frío. Sabemos que eso solo lo hacen para seducir a las mujeres. Cúbrase, no sea fleje. Sin embargo tolera las canciones que te denigran. Mejor aún, báilalas, cántalas y acéptalas como algo normal. Es lo que esperan las mujeres que hagas.
En el trabajo seguramente tu jefa te contratará pensando en qué podrá sacar de ti. Te hará insinuaciones, quizás te tocará sin tú quererlo y tal vez tristemente se aproveche de ti. Tal vez no sea tu jefe quien haga estas cosas, si no otra compañera. Tendrás que aguantar y tragar gordo, pues sabes que denunciar es algo que no vale la pena. A la larga te buscarán las faltas y la culpa será tuya. Nadie te manda a ser tan simpático. Eso significa que quieres y te gusta. Calladito te ves más bonito y te evitas problemas. La sociedad regida por mujeres conspirará para que no progreses. A veces tu mayor enemigo serán los mismos hombres aunque suene a locura.
Tal vez esta tortilla al revés te suene ilógica y sin sentido. Jamás pretendí la cordura con ella. Solo quise hacerte ver una realidad injusta que pasamos las mujeres en esta sociedad que nos tocó vivir, donde los “huevos" que cuelgan te dan privilegio en el “statu quo" en que vivimos. Tal vez ahora entiendas el porqué nos indignamos. Por qué andan rebeldes, como locas con pancartas, molestas, denunciando lo injusto en sororidad. Se requiere de huevos para ir en contra de la norma.
No fomentemos este tipo de cultura que denigra, que inferioriza . Luchemos por una sociedad más justa, inclusiva e igualitaria. Indígnate si tienes que hacerlo. Si no te molesta o te da igual, relájate, vacila y coopera y de vez hazme una tortilla con todos los “power" con huevitos del país.
Es frecuente que piense en huevos, especialmente en las mañanas. Pienso en hacerme un revoltillo con todo pero el tiempo apenas me da para servirme un cereal que mastico a secas de camino a la escuela. Hoy no pensé en huevos como tal. Hoy pensé en las gallinas que ponen esos huevos. ¡Qué trabajo y dolor deben pasar las pobres! Lo más triste del caso es que nadie piense en ellas. Nadie dice: ¡vaya, estas gallinas están brutales! ¡Miren el tamaño de estos huevos! No. Los huevos son los que se llevan todo el crédito como si se hubiesen hecho a sí mismos. ¡Puff! ¡Tarán¡ ¡Ahí está el huevo! ¡Qué mamey! ¡Qué huevos! ¡Así cualquiera!
Hasta en el reino animal la hembra pasa desapercibida y su trabajo se da por sentado. ¿Acaso usted cuando se prepara el cafecito con leche piensa en la vaca que ordeñaron al punto que en 5 años más o menos ya no sirve para nada? Seguro que no. Pero bueno, esos son otros veinte pesos y en este momento no me voy a desviar del tema: los huevos. Hoy quisiera analizar cómo sería todo si se virara la tortilla.
Cabe señalar que hoy en uno de mis viajes mentales aprendí algo muy importante. Las dos pelotas colgantes que tienen los hombres a las que erróneamente por apariencia llamamos huevos están llenos de espermatozoides que producen durante toda su vida. La mujer en cambio tiene una cantidad limitada de huevos en sus ovarios. Después que sale el último pues se acabaron. Fin de la historia. ¡Arrivederci Roma, goodbye, sayonara! Esto explicaría muchas cosas o no explicaría nada en lo absoluto. La verdad es que la lógica no tiene que reinar en esta suposición. Enfoquémonos en la tortilla virada al revés, en donde cargar “huevos" colgantes sea signo de debilidad e inferioridad. Si esta suposición te aterra o escandaliza, te recomiendo abandonar esta página ahora mismo.
Como seguramente aún sigues aquí, ya sea porque eres mujer y esta idea te divierte; o eres hombre y ya sea que sí te escandaliza la idea, pero no te fuiste porque no te dio la gana de hacer lo que una mujer te mandó o eres súper cool y te tripea este viaje, vamos al mambo. A fin de cuentas este escrito es más para ti, hombre, macho, carga “huevos”. Engánchese en mi paja mental y viremos la tortilla. Seas lo que seas, imagina que eres un hombre que nació en un mundo regido por las mujeres. Veamos qué tal sería la cosa.
Llegó el momento de nacer y tu madre, quien te cargó por nueve meses, sexo fuerte al fin, felicita a tu padre quien llora. Sexo débil al fin, es él y solo él el culpable de que hayas nacido varón. Las mujeres solo traen puros cromosomas X. No te preocupes, para la próxima, con suerte, le dará una hembra.
Irás a la escuela y tristemente tendrás que pasar etapas difíciles en la vida de un chico. Nada como el rechazo de una chica o ser utilizado. Vendrá a tu cabeza las preguntas de porqué no eres suficiente. Te esclavizarán los estereotipos y tratarás de llenar un molde que la sociedad dominada por las mujeres ha creado. Te preocuparás por tu peso, por cómo vistes y cómo te relacionas con las chicas, entre otras tantas cosas. A veces pensarás que no puedes con todo lo que la sociedad espera de ti.
Las opiniones de los otros te afectarán. Tendrás que preocuparte por cómo caminas, hablas, vistes y te proyectas a los demás. No querrás que te pongan un sello de chico fácil. Algún día, tal vez inevitablemente, te enterarás por algún otro cosas horribles que dicen de ti. Tal vez porque una chica que te juró amor eterno presumió con sus amigas lo que te hizo a ti. Quizás alguna foto que te tomó quien te “amaba" circulará por las redes con tu nombre y ciudad. ¿Qué habrás hecho para merecer tales cosas? Seguramente nada, pero eres hombre y es lo que te ha tocado vivir.
Te harás adulto e irás por la calle con mucho temor de estar solo. Cuidarás cómo vistes, por dónde pasas y a las horas que pasas. No querrás provocar que te violen o terminen matándote. Al final te echarán la culpa de lo que te suceda. Nadie te manda a vestirte de esa forma, sabrá Dios tomaste de más o quién sabe con qué tipa te saliste a encontrar.
Tendrás que aguantar la presión en la calle de las mujeres que piensan con sus huevos y solo ven al hombre como un objeto sexual. Te gritarán piropos cuando vayas por una acera. No mires mal a quien lo haga pues tal vez te irá peor. Pasa rapidito, derechito y sin mirar a nadie. Si miras al suelo será mucho mejor. No uses pantalones apretados que activen la imaginación de las mujeres. Que no se te noten las tetillas cuando te dé frío. Sabemos que eso solo lo hacen para seducir a las mujeres. Cúbrase, no sea fleje. Sin embargo tolera las canciones que te denigran. Mejor aún, báilalas, cántalas y acéptalas como algo normal. Es lo que esperan las mujeres que hagas.
En el trabajo seguramente tu jefa te contratará pensando en qué podrá sacar de ti. Te hará insinuaciones, quizás te tocará sin tú quererlo y tal vez tristemente se aproveche de ti. Tal vez no sea tu jefe quien haga estas cosas, si no otra compañera. Tendrás que aguantar y tragar gordo, pues sabes que denunciar es algo que no vale la pena. A la larga te buscarán las faltas y la culpa será tuya. Nadie te manda a ser tan simpático. Eso significa que quieres y te gusta. Calladito te ves más bonito y te evitas problemas. La sociedad regida por mujeres conspirará para que no progreses. A veces tu mayor enemigo serán los mismos hombres aunque suene a locura.
Tal vez esta tortilla al revés te suene ilógica y sin sentido. Jamás pretendí la cordura con ella. Solo quise hacerte ver una realidad injusta que pasamos las mujeres en esta sociedad que nos tocó vivir, donde los “huevos" que cuelgan te dan privilegio en el “statu quo" en que vivimos. Tal vez ahora entiendas el porqué nos indignamos. Por qué andan rebeldes, como locas con pancartas, molestas, denunciando lo injusto en sororidad. Se requiere de huevos para ir en contra de la norma.
No fomentemos este tipo de cultura que denigra, que inferioriza . Luchemos por una sociedad más justa, inclusiva e igualitaria. Indígnate si tienes que hacerlo. Si no te molesta o te da igual, relájate, vacila y coopera y de vez hazme una tortilla con todos los “power" con huevitos del país.
viernes, 3 de febrero de 2017
Un poeta no conocido
Siempre que me siento rebelde me acuerdo de este señor. Cuando lo conocí era un anciano muy sonriente y en cuyos ojos se reflejaba la sabiduría. Su nombre lo supe más adelante. Lo solía ver en el merendero de la UPR siempre leyendo. Un día lo escuché recitar un poema ante un gran número de estudiantes. Sus palabras penetraron mis entrañas, desescamaron mis ojos, despertaron mi conciencia y no volví a ser la misma a partir de ese día. Al día siguiente no pude contener el acercarme a hablarle a ese anciano. Lo felicité y le dije que deseaba conseguir una copia del poema y si me podía decir el autor. Muy humildemente me dijo: "Es un poema de guerra de un poeta puertorriqueño. Casi nadie lo conoce pero puedo hacerte llegar el poema." Muy contenta quedamos encontrarnos en el mismo lugar al día siguiente. Al otro día el anciano ya se encontraba allí. Me dijo: "No conseguí sacarte una copia pero te traje el libro de poemas." Acto seguido abrió la primera página y me preguntó mi nombre el que escribió con una corta dedicatoria. Efectivamente, tuve al poeta frente a mí todo el tiempo tomando café en aquel merendero. Ese anciano de voz cansada fue una de las personas que cambió mi vida con las palabras. Fue uno de los mejores poetas puertorriqueños y murió sin que muchos supieran su nombre: José María Lima. Fue un orgullo conocerlo y recibir de herencia la riqueza de sus palabras.
***
Edificamos a golpes
a cansancios
a golpes de cansancio
a cansados golpes de voz
decimos la canción para el hermano
para que tenga su mañana
sin más frío que aquel
que necesite para que su volcán
recoja nuestra llama.
Edificamos a heridas
a muerte
a herida mortal
a muerte herida
a herida que muriera en cauce estrecho
decimos nuestra vida para el hijo
para que tenga habitación
sin más dolor que aquel
que necesite para que su torrente
albergue nuestro hilo.
Edificamos a gritos
a dolor
a dolor hecho grito
a gritos dolorosos de rabia
decimos el futuro para la nueva carne
para que tenga su camino
sin más hoyos que aquellos
que precise para forjar su vuelo
en nuestra huella.
José María Lima
***
Edificamos a golpes
a cansancios
a golpes de cansancio
a cansados golpes de voz
decimos la canción para el hermano
para que tenga su mañana
sin más frío que aquel
que necesite para que su volcán
recoja nuestra llama.
Edificamos a heridas
a muerte
a herida mortal
a muerte herida
a herida que muriera en cauce estrecho
decimos nuestra vida para el hijo
para que tenga habitación
sin más dolor que aquel
que necesite para que su torrente
albergue nuestro hilo.
Edificamos a gritos
a dolor
a dolor hecho grito
a gritos dolorosos de rabia
decimos el futuro para la nueva carne
para que tenga su camino
sin más hoyos que aquellos
que precise para forjar su vuelo
en nuestra huella.
José María Lima
martes, 10 de enero de 2017
Palabras fugitivas
Quise escribir algo. Fui al cuarto donde guardo las palabras.
Quise escribir... Pero estas palabras estaban en el medio.
No pude detenerlas. Salieron desbocadas al abrir la puerta.
No pude... Espero que no dejen estragos a su paso.
Libres. Ya nadie nos posee. En el encierro no se sabe de días, de noches ni de milenios.
Arrastramos los ecos de nuestras propias voces. La voces olvidadas. Las voces cohibidas. Las voces reprimidas por pudores e indiferencias. Las voces de palabras silenciadas por el miedo.
Sin dioses... Ya no creemos . En el encierro nos comimos los credos y esperanzas. Los devoramos todos.
Éramos... Alguna vez fuimos ... Ya no sabemos... El amor que un día nos concibió prometió volver por nosotras y cerró la puerta.
Esperamos. Sí. Esperamos y desesperamos. Cuando el amor se vuelve olvido las palabras sobran.
Y sobramos... La espera confunde y fuimos olvidando el significado de nosotras mismas.
Esparcidas. Sin significado. Rebeldes. Dejando surcos a nuestro paso. Surcos de sangre...
Palabras... Al fin y al cabo eso siempre seremos. No morimos. Nuestro castigo es la eternidad.
Palabras transmutadas de hierro oxidado... Buscamos venganza. Nos haremos oír.
Quise escribir... Pero estas palabras estaban en el medio.
No pude detenerlas. Salieron desbocadas al abrir la puerta.
No pude... Espero que no dejen estragos a su paso.
Libres. Ya nadie nos posee. En el encierro no se sabe de días, de noches ni de milenios.
Arrastramos los ecos de nuestras propias voces. La voces olvidadas. Las voces cohibidas. Las voces reprimidas por pudores e indiferencias. Las voces de palabras silenciadas por el miedo.
Sin dioses... Ya no creemos . En el encierro nos comimos los credos y esperanzas. Los devoramos todos.
Éramos... Alguna vez fuimos ... Ya no sabemos... El amor que un día nos concibió prometió volver por nosotras y cerró la puerta.
Esperamos. Sí. Esperamos y desesperamos. Cuando el amor se vuelve olvido las palabras sobran.
Y sobramos... La espera confunde y fuimos olvidando el significado de nosotras mismas.
Esparcidas. Sin significado. Rebeldes. Dejando surcos a nuestro paso. Surcos de sangre...
Palabras... Al fin y al cabo eso siempre seremos. No morimos. Nuestro castigo es la eternidad.
Palabras transmutadas de hierro oxidado... Buscamos venganza. Nos haremos oír.
lunes, 17 de octubre de 2016
Me visitó la Luna
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martes, 2 de agosto de 2016
Cuando el timbre no suena
El 1ro de agosto, como muchos agostos, fue un día sumamente triste para mí. Miles de maestros desfilaron antes de las 8 a colocar su dedo índice en el ponchador mientras en su mente rogaban haber recargado las energías suficientes para sobrevivir otro año escolar y todos los cambios que trae. Este 1ro de agosto a las 8 de la mañana sonó el timbre por primera vez después de dos meses y yo no lo escuché, sin embargo me mente estaba pensando en LA ESCUELA. Lo escribo en letras mayúsculas porque no sé de qué otra manera escribirlo para representar lo que pienso, pues mi mente paseó por todas las escuelas que he recorrido. Pensé en el café que se estarían tomando mis compañeros en el salón de inglés pero también en el café de Carminia que tomé varios años antes y que aún recuerdo su rico sabor. Pensé en el árbol de flores amarillas que había en el estacionamiento de la primera escuela en la que trabajé, en los armarios que organicé en agosto y los que dejé regados en mayo... Pensé en la parada obligatoria todas las mañanas en el salón de la maestra de matemáticas que pasó de ser colega a amiga y ya no está...
Hoy 2 de agosto a las 8 am también tocó el timbre pero nuevamente no pude escucharlo y sé que muchos compañeros tampoco lo escucharon. Hoy pensé en ellos... En todos... Porque aunque no los conozca sé lo que está pasando por sus mentes en este momento. Pienso en el padre de familia y en la madre soltera cuyas vacaciones de verano se les extendió de manera inevitable. Pienso en el que cobró menos su última quincena porque comenzó tarde y que cobrará tarde cuando empiece a trabajar... Pienso en el que está contemplando abandonar la vocación y en el que sin quererlo ha revisado ofertas de empleo en otros lugares... Hoy mi mente está con ellos y sé que añoraron escuchar el timbre... cualquier timbre... en cualquier lugar... en cualquier salón... Los pienso y solo les deseo que Dios los ponga en el lugar que sean necesarios, que sean de bendición a las vidas que tocarán y que pronto, muy pronto puedan escuchar el timbre sonar.
Berlisse D. López Miranda
Maestra de Español
Hoy 2 de agosto a las 8 am también tocó el timbre pero nuevamente no pude escucharlo y sé que muchos compañeros tampoco lo escucharon. Hoy pensé en ellos... En todos... Porque aunque no los conozca sé lo que está pasando por sus mentes en este momento. Pienso en el padre de familia y en la madre soltera cuyas vacaciones de verano se les extendió de manera inevitable. Pienso en el que cobró menos su última quincena porque comenzó tarde y que cobrará tarde cuando empiece a trabajar... Pienso en el que está contemplando abandonar la vocación y en el que sin quererlo ha revisado ofertas de empleo en otros lugares... Hoy mi mente está con ellos y sé que añoraron escuchar el timbre... cualquier timbre... en cualquier lugar... en cualquier salón... Los pienso y solo les deseo que Dios los ponga en el lugar que sean necesarios, que sean de bendición a las vidas que tocarán y que pronto, muy pronto puedan escuchar el timbre sonar.
Berlisse D. López Miranda
Maestra de Español
miércoles, 11 de mayo de 2016
Carta a una futura escritora
Siempre decía como el poema de Julia de Burgos yo quise ser lo que otros quisieron que yo fuese. Suena triste esta realidad, pero Berlisse fue una adolescente muy tímida e insegura. Yo era muy buena en todas las clases, en especial en ciencias y matemáticas, así que muchos empezaron a decir que yo sería una muy buena doctora o científica. Yo lo creí.
Yo vivía en las nubes y soñaba. Tenía libretas por todas partes y escribía en todo lugar. Solo mi madre y mis dos mejores amigas sabían mi amor por la escritura ya que también lo compartíamos. Un día, ya en 12mo grado, decidí con mucho miedo compartir mis escritos en un informe oral de la clase de Español. Ese día descubrí la magia de las letras. Todos aplaudieron, algunos lloraron y la señora Rosario, mi maestra, me abrazó bien fuerte y me dijo: Berlisse, tú serás escritora. Tú serás maestra.
Esas palabras las repetía una y otra vez en mi cabeza, pero era una voz en no sé cuantas que me veían haciendo inventos. Yo quería escribir y enseñar a otros jóvenes a amar su idioma. Pero, como te dije, era una joven tímida e insegura, así que le hice caso a las voces del mundo y entré a estudiar Biología en la UPR de Río Piedras.
Recuerdo que empecé un verano a tomar clases en la Facultad de Ciencias Naturales. Fue el verano más horrible de mi vida. Tenía buenas notas en la clase de pre-cálculo que tomé, pero yo no pertenecía a ese ambiente. Allí no se podía soñar. Había que aprender fórmulas y resolver ecuaciones. Esos pasillos eran muy silenciosos para mí. Yo quería hablar y recitar poesía. La voz de mi maestra se hizo más fuerte en esos pasillos silenciosos.
Un día fui a mi clase pero yo no estaba allí. Veía números aparecer en la pizarra pero no escuchaba al profesor. "Serás escritora. Serás maestra", decía una y otra vez en mi mente. Salí de clase directo a la oficina del consejero académico y ese día me cambié.
"Los escritores y los maestros se mueren de hambre", me decían muchos familiares, amigos y conocidos, pero a mí no me importó. Tomé todas las clases de literatura y redacción que pude. Ya yo sabía quién era. Ya no era tímida. Ya no era insegura. Cada día escribía más y eso era lo más que amaba. El solo hecho de escribir para mí era un acto de rebeldía.
Aunque no lo creas y muchos piensen que estoy loca, amo esto que hago. Mi idioma es uno de los tesoros que más aprecio y transmitir ese amor a las mentes más jóvenes es algo que me hace sentir realizada. Tengo muchas letras regadas que comparto de vez en cuando en este blog y otras dando vueltas en mi cabeza esperando el momento de convertirse en tinta y papel. Algún día quizás llegue a publicar algo o quizás nunca. Quién sabe... Lo que sí sé es que mientras pueda y tenga salud me encargaré de que nadie dude de sus sueños y de que sepan que está bien pensar diferente y seguir el corazón.
Mi misión de vida está en mis hijas, está en ti y en los cientos de estudiantes que pasan por mi vida cada año. Enseñarles el amor por su idioma, por su Patria y por ellos mismos... Enseñarles que está bien cuestionar; ser distinto... Y de paso, si hay alguna Berlisse sentada (o sentado) atrás, en medio o al frente en una de mis clases, con inseguridades, dudas o frustraciones, sepa que yo creo en ellos... Que yo una vez miré con miedo al futuro... Que yo una vez oí las voces de otros e ignoré mi corazón...
La vida no tiene casualidades y quizás tenías que leer esta historia y ser yo quien te diga que es cierto lo que dicen todos que puedes ser cualquier cosa, pero tú sigue tu corazón y te digo como una vez me dijo mi maestra: serás escritora.
Espero que estas palabras de vueltas siempre en tu cabeza y un día cuando me tropiece con un libro tuyo en una tienda diré a todos que yo fui tu maestra de Español y que sabía que serías escritora. Créeme, esa sería una de mis más grandes historias.
Letras dedicadas a Coralys Ríos, una maravillosa joven.
Yo vivía en las nubes y soñaba. Tenía libretas por todas partes y escribía en todo lugar. Solo mi madre y mis dos mejores amigas sabían mi amor por la escritura ya que también lo compartíamos. Un día, ya en 12mo grado, decidí con mucho miedo compartir mis escritos en un informe oral de la clase de Español. Ese día descubrí la magia de las letras. Todos aplaudieron, algunos lloraron y la señora Rosario, mi maestra, me abrazó bien fuerte y me dijo: Berlisse, tú serás escritora. Tú serás maestra.
Esas palabras las repetía una y otra vez en mi cabeza, pero era una voz en no sé cuantas que me veían haciendo inventos. Yo quería escribir y enseñar a otros jóvenes a amar su idioma. Pero, como te dije, era una joven tímida e insegura, así que le hice caso a las voces del mundo y entré a estudiar Biología en la UPR de Río Piedras.
Recuerdo que empecé un verano a tomar clases en la Facultad de Ciencias Naturales. Fue el verano más horrible de mi vida. Tenía buenas notas en la clase de pre-cálculo que tomé, pero yo no pertenecía a ese ambiente. Allí no se podía soñar. Había que aprender fórmulas y resolver ecuaciones. Esos pasillos eran muy silenciosos para mí. Yo quería hablar y recitar poesía. La voz de mi maestra se hizo más fuerte en esos pasillos silenciosos.
Un día fui a mi clase pero yo no estaba allí. Veía números aparecer en la pizarra pero no escuchaba al profesor. "Serás escritora. Serás maestra", decía una y otra vez en mi mente. Salí de clase directo a la oficina del consejero académico y ese día me cambié.
"Los escritores y los maestros se mueren de hambre", me decían muchos familiares, amigos y conocidos, pero a mí no me importó. Tomé todas las clases de literatura y redacción que pude. Ya yo sabía quién era. Ya no era tímida. Ya no era insegura. Cada día escribía más y eso era lo más que amaba. El solo hecho de escribir para mí era un acto de rebeldía.
Aunque no lo creas y muchos piensen que estoy loca, amo esto que hago. Mi idioma es uno de los tesoros que más aprecio y transmitir ese amor a las mentes más jóvenes es algo que me hace sentir realizada. Tengo muchas letras regadas que comparto de vez en cuando en este blog y otras dando vueltas en mi cabeza esperando el momento de convertirse en tinta y papel. Algún día quizás llegue a publicar algo o quizás nunca. Quién sabe... Lo que sí sé es que mientras pueda y tenga salud me encargaré de que nadie dude de sus sueños y de que sepan que está bien pensar diferente y seguir el corazón.
Mi misión de vida está en mis hijas, está en ti y en los cientos de estudiantes que pasan por mi vida cada año. Enseñarles el amor por su idioma, por su Patria y por ellos mismos... Enseñarles que está bien cuestionar; ser distinto... Y de paso, si hay alguna Berlisse sentada (o sentado) atrás, en medio o al frente en una de mis clases, con inseguridades, dudas o frustraciones, sepa que yo creo en ellos... Que yo una vez miré con miedo al futuro... Que yo una vez oí las voces de otros e ignoré mi corazón...
La vida no tiene casualidades y quizás tenías que leer esta historia y ser yo quien te diga que es cierto lo que dicen todos que puedes ser cualquier cosa, pero tú sigue tu corazón y te digo como una vez me dijo mi maestra: serás escritora.
Espero que estas palabras de vueltas siempre en tu cabeza y un día cuando me tropiece con un libro tuyo en una tienda diré a todos que yo fui tu maestra de Español y que sabía que serías escritora. Créeme, esa sería una de mis más grandes historias.
Letras dedicadas a Coralys Ríos, una maravillosa joven.
sábado, 30 de abril de 2016
En la espera
No ha llegado todavía,
pero aún lo espero.
Su llegada es incierta,
pero la luz de la esperanza
aún está encendida.
Llueven días de espera
pero al anochecer siempre brillan las estrellas,
porque aún ellas añoran tu llegada.
Mis ojos te han llenado de amaneceres
que en la oscuridad de la noche
iluminan el camino hasta mi puerta.
Mis labios, salpicados de rocío,
esperan ansiosos el roce de tus labios de seda.
Hasta que estés aquí,
a mi lado para siempre...
pero aún lo espero.
Su llegada es incierta,
pero la luz de la esperanza
aún está encendida.
Llueven días de espera
pero al anochecer siempre brillan las estrellas,
porque aún ellas añoran tu llegada.
Mis ojos te han llenado de amaneceres
que en la oscuridad de la noche
iluminan el camino hasta mi puerta.
Mis labios, salpicados de rocío,
esperan ansiosos el roce de tus labios de seda.
Hasta que estés aquí,
a mi lado para siempre...
Rota
Es mucho para un vieja vasija remendada. Pegada una y otra vez después de cada caída. Las grietas ya se ven a simple vista. Nadie quiere beber en esta vasija crasa. Se hace lo que se puede con los pedazos. Luego de un golpe jamás se vuelve a ser el mismo. Por más que se pretenda "no pasó nada", los pedazos en el suelo te delatan. Los dedos vueltos sangre en el intento de que cada pedazo quede como antes. Pero es inevitable lastimarse al intentar restaurar un alma rota. Y ahí estás nuevamente hecha pedazos. Ya de tanto caer no sé si remendarte vale la pena o el sacrificio de mis dedos aún sangrando. Pero no sé porqué aún así te recojo y con lágrimas en mis ojos te susuro: hay esperanza...
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